El instructor y dos buzos durante la inmersión con Scuba 0.76. JORDI LOPESINO | GERGO BORBÉLY

Dos tirones de cuerda significa que todo está ok. Y lo suyo es que el instructor responda, desde ahí abajo, desde las profundidades del lago congelado del pirenaico Valle de Nuria(Gerona), con el mismo número de sacudidas. Así arrancaría una sesión cotidiana de buceo bajo hielo con el centro Scuba 0.76, con sede en la Costa Brava, pero que lleva ya cerca de 10 años realizando este tipo de inmersiones en el Pirineo catalán durante el invierno. Todos los fines de semana de enero a marzo, cuando se llegan a formar bloques de hielo de hasta 80 centímetros.

Después llegaría el deshielo, con lo que el agua bajaría de la montaña y removería el fondo del lago, acabando con la visibilidad necesaria para llevar a cabo la inmersión en buenas condiciones. “Si al entrar no nos responden con otros dos tirones, les sacamos a todos en menos de 30 segundos”, explica Eva Ponce, una de las responsables de la escuela, pionera en este tipo de buceo a nivel nacional. Con “todos” se refiere a los instructores y al máximo de tres clientes con los que se sumergen, unidos siempre entre sí a un metro y medio de distancia a través una cuerda que funciona a modo de “línea de vida”. Es el nombre oficial.



El equipo se prepara antes de la inmersión en el Valle de Nuria.

Al otro lado, en la superficie, un guía permanece a cargo de ella durante los 25 ó 30 minutos que dura la actividad. “Su función es extremar al máximo la seguridad, fundamental en este tipo de deporte”, añade Ponce, que dirige la escuela desde 2009 junto a su marido, Albert Rovira, buzo profesional bajo hielo, además de experto en cine subacuático. Como ejemplo, se encargó de la seguridad en el agua del equipo de rodaje y de los actores de Lo imposible, la película del director Juan Antonio Bayona sobre el tsunami que arrasó el Sudeste Asiático en 2004.

Subida en tren cremallera

La aventura en el lago del valle de Nuria arranca previamente con un viaje en el tren cremallera, que sale a las 8.36 de la mañana de la estación de Ribes-Vila. Después de un desayuno caliente, un monitor de Scuba 0.76 ofrece una explicación sobre cómo se va a desarrollar la experiencia: la temperatura a la que estarán (entre 0 y -2 grados), el grueso del hielo con el que se toparán (hasta 80 centímetros), la profundidad a la que se llega (entre cuatro y cinco metros), cómo orientarse, qué hacer si uno entra en pánico..

Los clientes reciben un taller justo antes de sumergirse.

Una vez equipados con el traje seco, se enseña cómo excavar el agujero en el suelo de una forma segura y de fácil acceso. Aun así, los clientes no tienen que hacerlo (de eso se encarga el equipo de Scuba 0.76, que está en el Valle de Nuria desde el día de antes), ya que el objetivo es que no se cansen ni hagan esfuerzos innecesarios antes de bajar,evitando así una posible hipoxia (falta de aire). Incluso les ayudan a ponerse el traje, el regulador y las aletas.

A eso del mediodía, cuando la luz está justo encima del lago y el juego de luces en contraste con el hielo se convierte en un auténtico espectáculo, llega la inmersión. Tras superar la prueba, toca contarla y revivirla en torno a un bocata y un caldo caliente. Por sus manos pasan cada año unos 50 aventureros. Y de momento asegura que ninguno se ha echado para atrás en el último momento. “Todo lo contrario; una pareja de hermanos subió tras la media hora y decidió bajar otros 13 minutos porque les había sabido a poco”.

Inicio del descenso por parte de los buzos.

A tanto no ha llegado Jesús Grasa, un comercial de Barcelona que probó suerte por primera vez (bajo hielo, no en mar abierto) hace dos semanas “gracias a un regalo de cumpleaños”. Y que ya piensa en repetir: “Se lo recomiendo a todo el mundo; cruzarte todo un lago como si estuvieras en la Antártida es impresionante, con ese juego de luces tan brutal”. No se esperaba “la calma y quietud” que se respira. Eso sí, respeto tuvo, “pero no miedo”. Y hay que tenerlo porque no deja de ir contra natura sumergirse a un grado en un terreno hostil como éste, a 1.964 metros de altitud.

Para eso están los manuales teóricos que ofrece Scuba 0.76 y los talleres anteriores al descenso, en los que se detallan todos los pasos a seguir, se explica cómo prevenir riesgos innecesarios y se resuelven las dudas. “Es fundamental que el centro con el que lo hagas te dé confianza; yo lo hice otra vez en Andorra y no me sentí igual de seguro”, cuenta Kike Vidal, también técnico comercial catalán, además de experimentado buzo con 800 inmersiones a sus espaldas que no encuentra otra actividad más “excitante”. “Ni siquiera el paracaidismo”. La última la vivió con su mujer, Mercedes. “Hubo nervios y tensión, sí, es normal, pero cuando miras para arriba y ves ese tremendo bloque de hielo, la sensación es increíble!, añade Vidal.

Un momento de la expedición por las profundidades heladas del lago.

No es necesaria ninguna preparación especial anterior. Basta con tener el título de buceo, un seguro y… dejarse llevar. Eso sí, no tiene nada que ver con el buceo “normal”. “No se trato tanto de ver la vida marina o vegetal, como en el caso del buceo ordinario, sino disfrutar de las formaciones en la base del hielo, del juego de luces, de las burbujas de aire en contacto con el hielo… En definitiva, de la mezcla de todo”, explica Ángel Manuel Maján, un economista de Madrid y otro de los clientes satisfechos de Scuba 0.76. Repetirá, “seguro”. “Ha sido una experiencia con sensación de control en todo momento y en la que lo único que teníamos que hacer era disfrutar totalmente de ella”. Una vez arriba, toca revivir y compartir la vivencia con el grupo en torno a un bocata y un caldo caliente.

| Más información. Precio de la experiencia: 140 euros (incluye equipo de buceo, tícket del tren cremallera, guía, botella, plomos y almuerzo a base de bocadillo y caldo caliente). Internet: www.scuba076.com

Via: El Mundo – Viajes | Isabel García